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sábado, 7 de diciembre de 2013

EL NIÑO

“Deja de soñar niño”, le dijo el maestro, al niño que se encontraba en el aula de aquella escuela semiconstruida, sentado en ladrillos a la par de aquella ventana sin vidrios en donde se filtraba el viento frio. Nunca a este niño lustrador de zapatos, quien no tenia zapatos le podían decir “deja de llorar niño” porque él nunca lloraba solo soñaba, ni cuando su padre llegaba borracho a su casa de cartón construida a  las orillas del basurero municipal y golpeaba la madre por no tener que comer, él soñaba que su padre llegaba a su casa besaba a la madre y a él le tendía la mano con un pedazo de pan, además el niño soñaba en léganos mundos donde libraba grandes batallas salvando a una bella princesa, que le recompensaban con un beso, ese beso que solo su  madre le daba, soñaba que montado en un caballo blanco con su espada dorada, libraba una revolución por todos los miserables de su gran basurero, su país.
“Deja de soñar niño y ponte a estudiar o a trabajar”, le dijo el maestro que le habían robado el corazón.
Salió el niño de la escuela simiconstruida, donde entraba el viento y el frio, en una mano la caja de lustrar zapatos, en la otra su cuaderno y en la mente, las palabras del maestro que  le habían sacado  el corazón “deja de soñar niño y ponte a estudiar o a trabajar”, “a estudiar o trabajar” se pregunto a si mismo el niño, se fue soñando, perdiéndose entre la basura.

La niña observo al niño perderse entre los escombros de un oscuro  mundo surrealista,  y en un punto del tiempo donde concedieron las afinidades los niños se hicieron amigos, ella  tan blanca y linda, fue la bella princesa del niño, y la niña  por ser más hermosa no se alimento, adelgazo y con el tiempo se volvió blanco papel, el niño quiso  escribir en el papel algo hermoso, no tuve tiempo, el viento se lo llevo. Quiso escribir que la amo, que fue su princesa y que sin ella las grandes batallas contra dragones no tienen sentido, ahora la niña se fue y el niño con la caja de lustrar zapatos,  igual  al maestro que le habían sacado el corazón,   lloro, no  soñó que luchaba grandes revoluciones de cambios sociales solo lloro, un dia  las lagrimas cayeron en un blanco papel  que el  viento le devolvió, entre sus  pies descalzos, tomo el blanco y húmedo  papel, y por azares del destino volvió a soñar que en su caballo blanco y espada dorada, peleaba grandes batallas por los faltos de oportunidad, por los olvidados y marginados, por las princesas de flores  marchitas, por los niños de piruetas de esquina, por los viejos de torcida espalda, y aprendió que en las esquinas de las calles de la ciudad que se derrumba, hay un foco de luz de esperanza, en la acción que existe después del sueño. El maestro que también había perdido el corazón le había dicho en un tiempo atrás, “deja de soñar niño y ponte a estudiar o a trabajar” y eso es lo que hizo el niño lustrador de zapatos que no tenía zapatos, se perdió para siempre iluminando y librando  mundos oscuros donde necesitan caballeros de blanco caballo y espada dorada para matar a dragones que con su poderoso fuego esclavizan a los que no han aprendido a soñar  solo llorar.  

AUTOR: MARTIN CABAÑAS




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