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martes, 7 de julio de 2015

EL LOCO

Si me preguntas para que soy bueno, te decepcionarías de mí, porque la verdad es que no soy bueno para nada, me gusta sentarme en la banca del parque, viendo  pasar los acontecimientos, me gusta vagar por las calles de los viejos barrios populosos de la ciudad Guatemala, embrujada por sus gobiernos, soy como la yerba que crece, viendo  al astro rey levantarse lentamente por el día y por las noches caer en el sueño profundo del que nada debe, ya perdone a los demás y en especial a mi.

Soy mal ejemplo para las nuevas generaciones, así que mi niña de ojos de miel, mis aspiraciones de éxito se fueron en el pasado, mis aspiraciones de dinero son como mis necesidades diarias, no deseo ni quiero nada, porque la realización de la vida ya la tengo, aquí en lo profundo de mi corazón.

Camino solo como el lobo de la montaña, me dejo llevar por el viento, soy la nube que flota por el cielo azul de tus ojos llorosos, no es que no te quiera a ti, claro que te quiero, solo que no me apego  a este mundo, si quieres estar con migo, no me quieras con ese sentimiento, libérate de ti, libérate de mí  y de los demás que quieren atarte a las normas sociales, pero eres libre para escoger, al final de cuentas, yo solo soy el bueno para nada, no te convengo,  por las noches miro las estrellas a donde quiero regresar, no soy de este mundo y no quiero ser, soy de la nada, de la no forma.

En el bosque juego con los cuervos, hablo con los árboles, el viento me acaricia con amor de madre, debajo de los puentes se esconden los duendes, en las riveras de las ríos cantan las hadas, en los caminos solitarios rondan las almas sin pena como yo, no soy de este mundo, ni del mundo de los extraterrestres, sin duda estos, desde su fantástica nave espacial  ven destruirse este planeta,  ellos deben de pensar, “pobres seres  humanos están ciegos por la codicia”.

Aquí  sentado, a tu lado mi querida niña, teniendo como paisaje este verde campo de flores, en donde se posan las avispas en su afanoso que hacer diario, mi corazón palpita de alegría y libertad por la humilde vida que mi Dios me dio y mi ser vive. 

autor: Martin Cabañas