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viernes, 8 de noviembre de 2013

Hoja Seca

Sentado en el parque, observo la hoja seca
Revolotear con el viento frio de noviembre
Hace un año fue que el viento frio llego a mi,
Olvide mi soledad cuando tú apareciste en mi vida,
Que tonto,  como pude pensar que ibas a estar a mi lado,
Te fuiste y me degaste más solo,
Hoy te recuerdo cuando el viento sopla
En las  tardes frías de noviembre,
Estoy solo como siempre y tu como el viento frio
Que recorre las calles levantando y alegrando las hojas
Las hojas secas de árbol, que esperan un soplo de vida
Olvido mi soledad cuando te recuerdo
Y cuando te recuerdo, mi alma seca
Revolotea con el viento frio de noviembre.

autor: Martin Cabañas


La Banca del Parque

El hombre se sentó en la banca del parque a esperar, que la vida pase, que la muerte llegue, solo en el parque aquella lejana noche  de luna llena de un diciembre,  próximo a una navidad que no pudo saborear, que tan lejanas están aquellas navidades de niño que esperaba el ansiado regalo de sus padres.

Solo en la banca del parque mientras el sol de diciembre calienta y el viento frio sopla la llama de la soledad del fantasma, que espera la llegada de su amada amiga, que nunca llega.

La banca y el fantasma se  acoplaron, como parte del paisaje, la gente pasa y corre como siempre, con sus carreras de vivo, ellos tienen tiempo, yo no lo tengo, los vivos no observan con determinación que hay seres con paciencia y sentimientos encontrados, detenidos en un tiempo pasado, de lo que se pudo ser.


El hombre de la banca del parque, murió al  amanecer de un diciembre de  luna llena el  frio y la borrachera le jugaron una broma, el alma aguanto el frio,  el cuerpo murió, el alma sigue en la banca del parque, viendo pasar a la  gente que corre en su diario vivir.

El fantasma sigue en apareciendo en las noches de luna llena, esperando que otra persona ebria se siente en la banca del parque para continuar la tertulia de los muertos vivientes.
autor Martin cabañas

Taza de Cafe

En algunas tardes frías de noviembre, saboreo una pequeña taza de café pensando en vos, sentir el sabor dulce amargo que eleva el espíritu, pienso que eres mi cafeína para el alma,  mi pensamiento volátil  de humo de café,  mi recuerdo de sorbos pausados, lo caliente se toma despacio y se saborea para que perdure en el paladar de la mente, no más de dos tazas, la intoxicación lo echa a perder,  nuestro amor dulce amargo  es lento para no acelerar la ceniza del olvido, así que por las tardes de noviembre tomo la taza de café que me acerca a vos, que no estás pero existís y vivís en este sabor dulce amargo de café.

Señora Muerte

Adiós, Señora Muerte, me voy lejos, voy a regresar tarde, así que no me esperes, estaré celebrando  y brindando con la vida, viendo el sol nacer, lejos de la oscuridad, haciendo y creando el amor, rosándome con el viento, no me esperes en los lugares donde te escondes, los conozco, no me tomaras por sorpresa, te acuerdas que también fui tu amigo,  te visitaba, te adoraba, también me acosté contigo,  tengo de vos algunos recuerdos, un arete olvidado, una flor marchita, en el corazón una cicatriz,  y tu olor de sangre tirada por el suelo, así Muerte no me esperes, porque el camino ancho lleno de placer lo deje atrás, ya no juego a la ruleta, juego en la arena del mar de la tranquilidad.

autor: Martin Cabañas